Es difícil no imaginarse el futuro como si obedeciera a nuestros propósitos actuales, para aniquilar lo que sea que atrase nuestro deseo, o inmortalizar lo que se interponga entre nosotros y nuestros temores.
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Al formar nuestras opiniones públicas, no solo tenemos que imaginar más espacio del que podemos ver con nuestros ojos, y más tiempo del que podemos sentir, sino que tenemos que describir y juzgar a más personas, más acciones, más cosas de las que jamás podremos contar o imaginar vívidamente. Tenemos que resumir y generalizar. Tenemos que elegir muestras y tratarlas como típicas.
Elegir de forma justa una buena muestra de una gran clase no es fácil. El problema pertenece a la ciencia de la estadística, y es un asunto de máxima dificultad para cualquiera cuyas matemáticas sean primitivas, y las mías siguen siendo azoicas a pesar de la media docena de manuales que en su día imaginé devotamente que entendía. Todo lo que han hecho por mí es volverme un poco más consciente de lo difícil que