conocimiento social es, en conjunto, todavía aleatoria; y no, como tendrá que llegar a ser, el acompañamiento normal de la acción.
Y, sin embargo, la recopilación de información no se hará, cabe estar seguro, en aras de su uso último. Se hará porque la decisión moderna exige que se haga. Pero a medida que se vaya realizando, se acumulará un conjunto de datos que la ciencia política podrá convertir en generalización y construir con ellos, para las escuelas, un cuadro conceptual del mundo.
Cuando esa imagen cobra forma, la educación cívica puede convertirse en una preparación para lidiar con un entorno invisible.
A medida que se le pone a disposición del maestro un modelo operativo del sistema social, este puede usarlo para hacer que el alumno tome plena conciencia de cómo funciona su mente ante datos desconocidos. Hasta que no disponga de un modelo así, el maestro no puede aspirar a preparar plenamente a los hombres para el mundo que encontrarán. Lo que sí puede hacer es prepararlos para lidiar con ese mundo con mucha más sofisticación respecto a sus propias mentes.
Puede, mediante el uso del método de casos, enseñar al alumno el hábito de examinar las fuentes de su información. Puede enseñarle, por ejemplo, a buscar en su periódico el lugar desde donde se envió el despacho, el nombre del corresponsal, el nombre de la agencia de noticias, la autoridad dada para la afirmación, las circunstancias bajo las cuales se obtuvo la afirmación. Puede enseñar al alumno a preguntarse si el reportero vio lo que describe, y a recordar cómo ese reportero describió otros acontecimientos en el pasado. Puede enseñarle la naturaleza de la censura, de la idea de privacidad, y proporcionarle un conocimiento de la propaganda pasada. Puede, mediante el uso adecuado de la historia, hacer que tome conciencia del estereotipo, y puede educar un hábito de introspección sobre la imaginería evocada por las palabras impresas.