la superficie son aquellos que están en sintonía con un amor genuino por el país, el tipo de sentimiento que se encuentra en Rupert Brooke, en el discurso de sir Edward Grey del 3 de agosto de 1914 y en el discurso del presidente Wilson ante el Congreso del 2 de abril de 1917.
La realidad de la guerra sigue siendo aborrecida, y lo que la guerra significa en realidad solo se aprende de forma gradual. Pues las guerras anteriores no son más que recuerdos transfigurados. En esa fase de luna de miel, los realistas de la guerra insisten con razón en que la nación aún no está despierta, y se tranquilizan mutuamente diciendo: «Esperad a las listas de bajas».
Gradualmente el impulso de matar se convierte en el asunto principal, y todos aquellos rasgos que podrían modificarlo se desintegran. El impulso pasa a ser central, es santificado y poco a poco se vuelve inmanejable. Busca una vía de escape no solo hacia la idea del enemigo, que es todo el enemigo que