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CAPÍTULO IV. Termina en que la guerra se define con mayor precisión Derrocamiento del enemigo

Por tanto, pensamos que, de acuerdo con la mayoría de los hechos comprobados, las siguientes circunstancias provocan principalmente el derrocamiento del enemigo.

  1. Dispersión de su ejército si este forma, en cierto grado, una fuerza potencial.
  1. Toma de la capital del enemigo, si esta es a la vez el centro del poder del Estado y la sede de las asambleas y acciones políticas.
  1. Un golpe eficaz contra el aliado principal, si este es más poderoso que el propio enemigo.

Hasta ahora siempre hemos supuesto al enemigo en la guerra como una unidad, lo cual es admisible por consideraciones de índole muy general. Pero habiendo dicho que la subyugación del enemigo radica en vencer su resistencia, concentrada en el centro de gravedad, debemos dejar de lado esta suposición e introducir el caso en el que tenemos que habérnoslas con más de un oponente.

Si dos o más Estados se combinan contra un tercero, esa combinación constituye, en un aspecto político, una sola guerra, al mismo tiempo que esta unión política tiene también sus grados.

La cuestión es si cada Estado de la coalición posee un interés independiente y una fuerza independiente con la cual proseguir la guerra; o si hay uno entre ellos en cuyos intereses y fuerzas se apoyan los de los demás.

Cuanto más se dé el último caso, más fácil será considerar a los diferentes enemigos como uno solo, y más fácilmente podremos simplificar nuestra empresa principal en un gran golpe; y mientras esto sea de algún modo posible, es el medio más cabal y completo de éxito.

Podemos, por lo tanto, establecer como principio que, si podemos conquistar a todos nuestros enemigos conquistando a uno de ellos, la

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