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Breve memoria del general Clausewitz

“Expresé la opinión de que la teología solo debe ser considerada como un proceso histórico, como un momento en el desarrollo gradual del género humano. Esto me acarreó un ataque por todos flancos, pero más especialmente por parte de Clausewitz, quien debería haber estado de mi lado, ya que había sido adepto y discípulo de Kiesewetter, quien lo había inoctrinado en la filosofía de Kant, ciertamente diluida —podría incluso decir que en dosis homeopáticas—”. Esta anécdota solo es interesante en la medida en que la mención a Kiesewetter apunta a una circunstancia en la vida de Clausewitz que pudo haber influido en la formación de esos hábitos de pensamiento que distinguen sus

«La manera —dice el general Brandt— en que el general Clausewitz juzgaba las cosas, extraía conclusiones de los movimientos y las marchas, calculaba los tiempos de las marchas y los puntos donde tendrían lugar las decisiones, era sumamente interesante. Por desgracia, el destino le negó la oportunidad de mostrar su talento en el alto mando, pero tengo el firme convencimiento de que como estratega se habría distinguido enormemente. Como líder en el campo de batalla, en cambio, no habría estado tan en su elemento; debido a la manque d’habitude du commandement, carecía del arte d’enlever les troupes».

Tras la disolución del ejército de observación prusiano, Clausewitz regresó a Breslau, y pocos días después de su llegada fue atacado por el cólera, cuyas semillas debió de traer consigo desde el ejército en la frontera polaca. Su muerte se produjo en noviembre de 1831.

Sus escritos están contenidos en nueve volúmenes, publicados después de su muerte, pero su fama descansa sobre todo en los tres volúmenes que forman su tratado sobre la «Guerra».

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