En primer lugar debemos investigar las circunstancias que dan la victoria en una batalla.
De la superioridad de número, y del valor, la disciplina u otras cualidades de un ejército, no decimos nada aquí, porque, por regla general, dependen de cosas que están fuera de la esfera del arte de la guerra en el sentido en que ahora lo estamos considerando; además de que producen el mismo efecto en la ofensiva que en la defensiva; y, asimismo, la superioridad en número en general no puede tomarse en consideración aquí, ya que el número de tropas es igualmente una cantidad o condición dada, y no depende de la voluntad o el capricho del general. Además, estas cosas no tienen ninguna conexión particular con el ataque y la defensa. Pero, al margen de estas cosas, hay otras tres que nos parecen de importancia decisiva, a saber: la sorpresa, la ventaja del terreno y el ataque desde varios frentes. La sorpresa produce un efecto al oponer al enemigo una cantidad de tropas mucho mayor de la que esperaba en algún punto en particular. La superioridad de número en este caso es muy diferente de una superioridad general de número; es el agente más poderoso del arte de la guerra. —La manera en que la ventaja del terreno contribuye a la victoria es bastante comprensible por sí misma, y solo tenemos que hacer una observación, a saber, que no limitamos nuestros comentarios a los obstáculos que entorpecen el avance de un enemigo, tales como terrenos escarpados, colinas altas, arroyos pantanosos, setos, cercados, etc.; aludimos también a la ventaja que el terreno proporciona como cobertura, bajo la cual las tropas quedan ocultas a la vista. En verdad