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CAPÍTULO II. Las relaciones del ataque y la defensa entre sí en la táctica

podemos decir que incluso de un terreno que carece de importancia una persona familiarizada con el lugar puede obtener ayuda. El ataque desde varios frentes incluye en sí mismo todos los movimientos de conversión tácticos, grandes y pequeños, y sus efectos se derivan en parte del doble rendimiento que se obtiene de este modo de las armas de fuego, y en parte del temor del enemigo a que se corte su retirada.

Ahora bien, ¿cómo se sitúan respectivamente la ofensiva y la defensiva en relación con estas cosas?

Teniendo a la vista los tres principios de la victoria recién descritos, la respuesta a esta pregunta es que solo una pequeña porción del primero y del último de estos principios favorece a la ofensiva, mientras que la mayor parte de ellos, y la totalidad del segundo principio, están a disposición de la parte que actúa a la defensiva.

El lado ofensivo solo puede tener la ventaja de una sorpresa completa de toda la masa con el todo, mientras que el defensivo se encuentra en condiciones de sorprender incesantemente, a lo largo de todo el curso del combate, por la fuerza y la forma que da a sus ataques parciales.

La ofensiva tiene mayores facilidades que la defensiva para envolver y cortar el todo, ya que esta última se encuentra en cierto modo en una posición fija, mientras que la primera se halla en un estado de movimiento en relación con dicha posición.

Pero la ventaja superior para un movimiento envolvente que posee la ofensiva, según se acaba de exponer, vuelve a verse limitada a un movimiento contra la masa total; pues durante el transcurso del combate, y con divisiones separadas de la fuerza, le es más fácil a la defensiva que a la ofensiva realizar ataques desde varios flancos, porque, como ya hemos dicho, la primera se encuentra en mejor situación para sorprender por la fuerza y la forma de sus ataques.

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