En tercer lugar, aquellos que se encienden con mucha facilidad, cuyos sentimientos estallan rápida y violentamente como la pólvora, pero no duran.
En cuarto y último lugar, aquellos que no pueden ser conmovidos por causas leves, y que por lo general no se soliviantan de repente, sino solo de forma gradual; pero cuyos sentimientos se vuelven muy poderosos y son mucho más duraderos. Estos son hombres de pasiones intensas, que yacen profundas y latentes.
Esta diferencia de carácter se halla probablemente muy próxima a los límites de las fuerzas físicas que mueven el organismo humano, y pertenece a esa organización anfibia que llamamos sistema nervioso, el cual parece ser en parte material, en parte espiritual. Con nuestra débil filosofía, no avanzaremos más en este misterioso campo. Pero es importante para nosotros detenernos un momento en los efectos que estas diferentes naturalezas ejercen sobre la acción en la