al atacante mucho más difíciles de lo que realmente son y, por tanto, se convierten en un mayor obstáculo para su
Supongamos, por ejemplo, un ataque que no pretenda terminar en una gran solución, y que no se lleve a cabo con una energía absoluta; podemos estar seguros de que al ejecutarlo surgirán una serie de pequeños obstáculos y accidentes, que ninguna teoría podría haber previsto, en desventaja del asaltante, porque él es la parte activa y, por lo tanto, debe ser el primero en entrar en colisión con tales impedimentos. ¡Pensemos por un momento en cuántas veces algunos de los insignificantes ríos de Lombardía han sido defendidos con éxito!—Si, por otra parte, en la historia militar también se pueden encontrar casos en los cuales la defensa de los ríos no logró cumplir lo que de ellos se esperaba, ello se debe a los resultados extravagantes que a veces se pretendían de este medio; resultados que no se basan de ningún modo en su naturaleza táctica, sino meramente en su conocida eficacia, a la cual se creía que no había límites.
- Solo cuando el defensor comete el error de poner su entera confianza en la defensa de un río, de modo que en caso de ser forzado se ve envuelto en una gran dificultad, en una especie de catástrofe; solo entonces puede considerarse la defensa de un río como una forma de defensa favorable para el ataque, ya que es ciertamente más fácil forzar el paso de un río que ganar una batalla ordinaria.
- Se deduce por sí mismo de lo que acaba de decirse que la defensa de un río puede adquirir un gran valor si no se desea una solución importante, pero cuando esta ha de esperarse, ya sea por la superioridad numérica o la energía del enemigo, entonces este medio, si se utiliza erróneamente, puede volverse en ventaja positiva del asaltante.