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CAPÍTULO I. Ofensa y Defensa

en la guerra defensiva tiene lugar más o menos bajo el título general de defensiva —es decir, la ofensiva de la que hacemos uso cae bajo la concepción de posición o de teatro de la guerra—. Podemos, por tanto, en una campaña defensiva combatir ofensivamente, en una batalla defensiva podemos usar algunas divisiones con fines ofensivos y, por último, mientras permanecemos en posición esperando la embestida del enemigo, seguimos haciendo uso de la ofensiva enviando al mismo tiempo proyectiles a las filas enemigas. > La forma defensiva en la guerra no es, por tanto, un mero escudo, sino un escudo formado por

2.—Ventajas de la defensiva.

¿Cuál es el objeto de la defensa? Conservar. Conservar es más fácil que adquirir; de lo cual se deduce de inmediato que, suponiéndose iguales los medios en ambas partes, la defensiva es más fácil que la ofensiva.

Pero ¿en qué consiste la mayor facilidad de conservar o mantener la posesión? En esto: en que todo el tiempo que no se aprovecha en nada cae en la balanza a favor de la defensa. Cosecha donde no ha sembrado. Toda suspensión de la acción ofensiva, ya sea por puntos de vista erróneos, por temor o por indolencia, favorece a la parte que actúa a la defensiva.

Esta ventaja salvó de la ruina al Estado de Prusia más de una vez en la Guerra de los Siete Años. Es una ventaja que se deriva de la concepción y el objeto de la defensa, reside en la naturaleza de toda defensa y, en la vida ordinaria, particularmente en los asuntos legales —que tanto se parecen a la guerra—, se expresa mediante el refrán latino: Beati sunt possidentes.

Otra ventaja que surge de la naturaleza de la guerra y le pertenece exclusivamente es la ayuda que proporciona la localidad o el terreno; esta es una ventaja de la que la forma defensiva hace un uso preferencial.

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