El más notable es la batalla de Gross-gorschen. Si contamos únicamente las divisiones francesas que tomaron parte en la batalla, Bonaparte contaba con una fuerza de 100.000 hombres, de los cuales 5.000 eran de caballería y 90.000 de infantería; los Aliados tenían 70.000, de los cuales 25.000 eran de caballería y 40.000 de infantería. Así, en lugar de los 20.000 jinetes en exceso que tenían los Aliados en comparación con el total de la caballería francesa, Bonaparte tenía tan solo 50.000 infantes adicionales cuando debería haber tenido 100.000. Como ganó la batalla con esa superioridad en infantería, podemos preguntarnos si era en absoluto probable que la hubiera perdido si las proporciones hubiesen sido de 140.000 a 40.000.
Ciertamente, la gran ventaja de nuestra superioridad en caballería se puso de manifiesto inmediatamente después de la batalla, pues Buonaparte apenas obtuvo ningún trofeo con su victoria.
¿No lo es todo, por tanto, la victoria en una batalla?, ¿pero no es acaso siempre lo principal?
Si reunimos estas consideraciones, difícilmente podemos creer que la proporción numérica entre caballería e infantería que ha existido durante los últimos ochenta años sea la natural, basada únicamente en su valor absoluto; estamos mucho más inclinados a pensar que, tras muchas fluctuaciones, las proporciones relativas de estas armas cambiarán aún más en la misma dirección que hasta ahora, y que el número fijo de caballería al final será considerablemente menor.
Por lo que respecta a la artillería, el número de piezas ha aumentado naturalmente desde su primera invención, y a medida que se ha ido haciendo más ligera y perfeccionando en otros aspectos; sin embargo, desde la época de Federico el Grande, también se ha mantenido muy cerca de la misma proporción de dos o tres cañones por cada 1.000 hombres, nos referimos al comienzo de una campaña; pues durante su