En el octavo capítulo del tercer libro hemos hablado del valor de los números superiores en las batallas, de lo cual se sigue como consecuencia la superioridad del número en general en la estrategia. Hasta aquí ha quedado establecida la importancia de las relaciones de fuerza; añadiremos ahora algunas consideraciones más detalladas sobre el tema.
Un examen imparcial de la historia militar moderna conduce a la convicción de que la superioridad numérica se vuelve cada día más decisiva; el principio de reunir el mayor número posible de efectivos para una batalla decisiva puede considerarse, por lo tanto, más importante que nunca.
El valor y el espíritu de un ejército han multiplicado, en todas las épocas, sus fuerzas físicas, y continuarán haciéndolo por igual en el futuro; pero hallamos también que en ciertos períodos de la historia la superioridad en la organización y el equipo de un ejército le ha conferido una gran preponderancia moral; hallamos que en otros períodos una gran superioridad en la movilidad ha tenido un efecto semejante; en un momento vemos un nuevo sistema de táctica que sale a la luz; en otro vemos el arte de la guerra desarrollándose en un esfuerzo por hacer un uso hábil del terreno sobre grandes principios generales, y por tales medios hallamos aquí y allá a un general obteniendo grandes ventajas sobre otro; pero incluso esta tendencia ha desaparecido, y las guerras prosiguen ahora de un modo más simple y natural.—Si, despojándonos de cualquier noción preconcebida, observamos las experiencias de las guerras recientes, debemos admitir que hay escasos vestigios de cualquiera de las influencias anteriores, ya sea a lo largo de toda una