verdadera esencia, la aproximación sigilosa es también la condición principal de su ejecución; pero esto se logra más fácilmente con pequeños cuerpos que con grandes, y para las columnas de todo un Ejército resulta rara vez practicable. Por esta razón, tales empresas se dirigen por lo general únicamente contra puestos avanzados aislados, y solo pueden ser factibles contra cuerpos mayores si estos carecen de suficientes puestos avanzados, como le ocurrió a Federico el Grande en Hochkirch.(*) Esto sucederá con menor frecuencia en el futuro a los Ejércitos mismos que a las divisiones menores.
En los últimos tiempos, en que la guerra se ha llevado a cabo con tanta mayor rapidez y vigor, ha ocurrido en consecuencia a menudo que los ejércitos han acampado muy cerca unos de otros, sin contar con un sistema muy fuerte de puestos avanzados, porque esas circunstancias se han presentado por lo general justo en la crisis que precede a una gran decisión.
Pero entonces en tales ocasiones la disposición para el combate por ambas partes es también más perfecta; por otra parte, en guerras anteriores era una práctica frecuente que los ejércitos levantasen campamentos a la vista unos de otros, cuando no tenían otro objeto que el de mantenerse mutuamente en jaque, por consiguiente durante un período más largo. Cuán a menudo Federico el Grande estuvo durante semanas tan cerca de los austríacos que ambos habrían podido intercambiar cañonazos entre sí.
Pero estas prácticas, ciertamente más favorables para los ataques nocturnos, se han abandonado en los últimos tiempos; y los ejércitos, ya no considerados en cuanto a su subsistencia y necesidades de acampada como cuerpos independientes y completos en sí mismos, encuentran necesario mantener por lo general una marcha de distancia entre ellos y el enemigo.