equivalen al efecto táctico que la posición es capaz de producir, pero que no se ha materializado, y, junto con este, constituyen el objetivo de la posición.
De las observaciones precedentes se desprenden, por lo tanto, dos propiedades estratégicas de la posición defensiva:
- Que no se puede pasar.
- Que en la lucha por las líneas de comunicación le otorga ventajas al defensor.
Aquí tenemos que añadir otras dos propiedades estratégicas, a saber:
- Que la disposición de las líneas de comunicación también puede ejercer una influencia favorable en la forma del combate; y
- Que la influencia general del país es ventajosa.
Porque la relación de las líneas de comunicación ejerce una influencia no solo sobre la posibilidad o imposibilidad de rebasar una posición o de cortar los suministros del enemigo, sino también sobre el transcurso entero de la batalla.
Una línea de retirada oblicua facilita un movimiento táctico envolvente por parte del asaltante y paraliza nuestros propios movimientos tácticos durante la batalla.
Pero una posición oblicua en relación con las líneas de comunicación no suele ser culpa de la táctica, sino consecuencia de un punto estratégico defectuoso; por ejemplo, resulta inevitable cuando el camino cambia de dirección en las inmediaciones de la posición (Borodino, 1812); el asaltante se halla entonces en una posición tal que puede envolver nuestra línea sin desviarse de su propia disposición perpendicular.