Los depósitos de provisiones y forraje se forman generalmente en ciudades abiertas, tanto en el país enemigo como en el propio, porque no hay tantas fortalezas como las que requerirían estos abultados acopios que se consumen continuamente y se necesitan unas veces aquí, otras allá, y también porque su pérdida es mucho más fácil de reemplazar; por otra parte, los almacenes destinados a mantener completo al ejército, tales como armas, municiones de guerra y artículos de equipo, nunca se alojan en lugares abiertos en las proximidades del teatro de la guerra si puede evitarse, sino que se traen más bien de lejos, y en el país enemigo nunca se almacenan en ninguna otra parte que no sean fortalezas.
De este punto, de nuevo, puede inferirse que la base tiene mayor importancia en relación con los suministros destinados a reequipar a un ejército que en relación con las provisiones para la alimentación.
Ahora bien, cuantas más reservas de cada género se acumulen en grandes almacenes antes de ser puestas en uso, cuanto más se unan, por tanto, todas las corrientes separadas en grandes embalses, tanto más podrán considerarse estos como sustitutos de todo el país, y tanto más se fijará la concepción de una base en estos grandes depósitos de suministros; pero esto no debe llegar jamás tan lejos que un lugar semejante sea considerado como constitutivo de una base por sí solo.
Si estas fuentes de aprovisionamiento y reparación son abundantes, es decir, si las extensiones de territorio son amplias y ricas, si las provisiones están reunidas en grandes depósitos para ser utilizadas con mayor rapidez, si estos depósitos están cubiertos en un sentido militar de una u otra manera, si se encuentran muy cerca del ejército y son accesibles por buenos caminos, si se extienden a lo largo de una considerable anchura en la retaguardia del ejército o lo rodean en parte también, entonces se derivan una mayor vitalidad para el ejército, así como una mayor libertad en sus movimientos.