pueden salir victoriosas del mismo, en particular si la columna atacante del enemigo no tiene la fuerza suficiente, pero al vencer pierden tiempo y, en la mayoría de los casos, como es fácil de concebir, un cuerpo en tales circunstancias, y con la tendencia general de ganar un punto situado en la retaguardia, no hará ningún uso provechoso de su victoria. Por otra parte, pueden ser derrotados, y ese es el resultado más probable en sí mismo, porque no tienen tiempo para organizar una buena resistencia. Podemos, por tanto, suponer muy bien que en un ataque bien planeado y ejecutado, el asaltante, a través de estos combates parciales, cosechará un número considerable de trofeos, que se convierten en un punto principal en el resultado general.
Por último, la cuarta ventaja, y la piedra angular del conjunto, es cierta desorganización y desaliento momentáneos por parte del enemigo, que, cuando la fuerza está por fin reunida, rara vez permite que sea llevada inmediatamente a la acción, y generalmente obliga a la parte atacada a ceder aún más terreno a su agresor, y a realizar un cambio general en su plan de operaciones.
Tales son los resultados propios de una sorpresa con éxito del enemigo en sus acantonamientos, es decir, de aquella en la que se le impide al enemigo reunir su ejército sin pérdidas en el punto fijado en su plan.
Pero por la naturaleza del caso, el éxito tiene muchos grados; y, por tanto, los resultados pueden ser muy grandes en un caso, y apenas dignos de mención en otro.
Mas aun cuando, mediante el éxito completo de la empresa, estos resultados sean considerables, rara vez soportarán la comparación con la victoria en una gran batalla, en parte porque, en primer lugar, los trofeos rara vez son tan grandes y, en segundo, la impresión moral nunca cala tan hondo.