Si una fortaleza no puede situarse sobre el propio río, es mejor no colocarla cerca, sino a una distancia de diez o doce millas de este; de lo contrario, el río interseca y disminuye el valor de la esfera de acción de la fortaleza en todos los puntos antes mencionados.(*)
Esto no es lo mismo en las montañas, porque allí el movimiento de masas grandes o pequeñas sobre puntos particulares no está restringido en el mismo grado en que lo está por un río.
Pero las fortalezas en el lado de la montaña perteneciente al enemigo no están bien situadas, porque es difícil socorrerlas. Si están de nuestro lado, la dificultad para ponerles sitio es muy grande, ya que las montañas cortan la línea de comunicaciones del enemigo.
Damos a Olmütz, 1758, como ejemplo.
Es fácil ver que los bosques impenetrables y los pantanos tienen un efecto similar al de los ríos.
A menudo se ha planteado la cuestión de si las ciudades situadas en un país muy accidentado son aptas o no para plazas fuertes.
Como pueden fortificarse y defenderse con poco gasto, o hacerse mucho más fuertes, a menudo inexpugnables, por un desembolso igual, y los servicios de una fortaleza son siempre más pasivos que activos, no parece necesario dar mucha importancia a la objeción de que pueden ser bloqueadas con facilidad.
Si ahora, en conclusión, echamos una mirada retrospectiva sobre nuestro sencillo sistema de fortificación para un país, podemos afirmar que se apoya en datos abarcadores, de naturaleza duradera y directamente conectados con los cimientos mismos del estado, no en puntos de vista