Aun suponiendo que esta extrema tensión de fuerzas fuese un absoluto que pudiera comprobarse fácilmente, aun así tendríamos que admitir que la mente humana difícilmente se sometería a esta especie de quimera lógica.
Habría en muchos casos un despilfarro innecesario de poder, lo cual se opondría a otros principios del arte de gobernar; se requeriría un esfuerzo de Voluntad desproporcionado respecto al objetivo propuesto, el cual por tanto sería imposible de realizar, pues la voluntad humana no recibe su impulso de las sutilezas lógicas.
Pero todo adquiere una forma diferente cuando pasamos de las abstracciones a la realidad. En las primeras, todo debe estar sujeto al optimismo, y debemos imaginar tanto un lado como el otro esforzándose por alcanzar la perfección e incluso lográndolo. ¿Ocurrirá esto alguna vez en la realidad? Ocurrirá si,
(1) La guerra se convierte en un acto completamente aislado, que surge repentinamente y no está relacionado en modo alguno con la historia anterior de los Estados combatientes.
(2) Si se limita a una sola solución, o a varias soluciones simultáneas.
(3) Si contiene en sí misma la solución perfecta y completa, libre de cualquier reacción sobre ella, mediante un cálculo previo de la situación política que se derivará de ella.
7. LA GUERRA NUNCA ES UN ACTO AISLADO.
Por lo que se refiere al primer punto, ninguno de los dos adversarios es una persona abstracta para el otro, ni siquiera en lo que atañe a aquel factor de la suma de resistencia que no depende de cosas objetivas, a saber, la Voluntad.