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CAPÍTULO X. Efectos de la victoria

nociones abstractas de este o aquel pequeño contratiempo nunca llegarán a la concepción perfecta de una batalla perdida. > Detengámonos un momento ante el

Lo primero que abruma a la imaginación —y podemos decir ciertamente que también al entendimiento— es la disminución de las masas; después, la pérdida de terreno, que se produce siempre, en mayor o menor medida, y, por tanto, también por parte del atacante, si no es afortunado; luego, la ruptura de la formación original, el amotinamiento y desconcierto de las tropas, los riesgos de la retirada, que, salvo raras excepciones, siempre pueden advertirse en menor o mayor grado; a continuación, la retirada, cuya mayor parte comienza de noche, o, al menos, transcurre durante toda la noche.

En esta primera marcha debemos dejar atrás de inmediato a una serie de hombres completamente agotados y dispersos, a menudo precisamente los más valientes, los que han estado al frente en el combate y los que han resistido por más tiempo: el sentimiento de estar vencidos, que solo se apoderó de los oficiales superiores en el campo de batalla, se extiende ahora a todos los rangos, incluso hasta los soldados rasos, agravado por la horrible idea de vernos obligados a dejar en manos del enemigo a tantos camaradas valientes, que hacía apenas un momento eran de tanto valor para nosotros en la batalla, y agravado por una creciente desconfianza hacia el jefe, a quien, en mayor o menor medida, cada subordinado atribuye como un fallo los esfuerzos infructuosos que ha hecho; y este sentimiento de estar vencidos no es una imagen ideal sobre la cual uno pueda llegar a ser dueño; es una verdad evidente de que el enemigo nos es superior; una verdad cuyas causas pudieron haber estado antes tan ocultas que no podían ser descubiertas, pero que, en el resultado, sale a la luz clara y palpable, o que también, quizás, se sospechaba antes, pero que, ante la falta de cualquier certeza, tuvimos que oponer mediante la esperanza del azar, la confianza en la buena fortuna, la Providencia o una actitud audaz.

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