Pero si el mantenimiento de las tropas en campamento o acuartelamiento exige actividades que no son un empleo de la fuerza armada, tales como la construcción de chozas, el levantamiento de tiendas, los servicios de subsistencia y sanidad en los campamentos o acuartelamientos, entonces estas no pertenecen ni a la estrategia ni a la táctica.
Hasta las trincheras, cuyo emplazamiento y preparación forman parte evidente del orden de batalla y, por tanto, son materias tácticas, no pertenecen a la teoría de la conducción de la guerra en lo que respecta a la ejecución de su construcción, ya que los conocimientos y la destreza requeridos para tal trabajo son, en realidad, cualidades inherentes a la naturaleza de un ejército organizado; la teoría del combate las da por supuestas.
Entre los asuntos que pertenecen al mero sostenimiento de una fuerza armada, debido a que ninguna de sus partes se identifica con el combate, el aprovisionamiento de las propias tropas ocupa el primer lugar, ya que debe realizarse casi a diario y para cada individuo.
Es así como impregna por completo la acción militar en las partes que constituyen la estrategia —decimos partes que constituyen la estrategia porque durante una batalla la subsistencia de las tropas rara vez influirá en la modificación del plan, aunque la cosa sea bastante concebible—.
La atención a la subsistencia de las tropas entra, por tanto, en acción recíproca principalmente con la estrategia, y no hay nada más común que las líneas maestras estratégicas de una campaña y de la guerra se tracen en relación con una perspectiva de este abastecimiento.
Pero por frecuentes e importantes que sean estas consideraciones de suministro, la subsistencia de las tropas sigue siendo siempre una actividad completamente distinta del uso de las tropas, y la primera solo ejerce influencia sobre la segunda a través de sus resultados.