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CAPÍTULO VIII. Paso de ríos

  1. Hay muy pocas líneas fluviales de defensa que no puedan ser desbordadas, ya sea en toda su longitud o en algún punto determinado. Por consiguiente, el atacante, superior en número y decidido a dar golpes serios, dispone de los medios para hacer una demostración en un punto y cruzar por otro, y luego, mediante la superioridad numérica y el avance, sin importarle ninguna oposición, puede subsanar cualquier relación desventajosa en la que se haya podido ver colocado por el resultado de los primeros encuentros; pues su superioridad general le permitirá hacerlo. Raras veces ocurre que el paso de un río sea forzado tácticamente en la práctica abrumando el puesto principal del enemigo mediante el efecto de un fuego superior y mayor valor por parte de las tropas, y la expresión forzar un paso solo debe tomarse en un sentido estratégico, en la medida en que el atacante, al realizar el paso por un punto indefendido o levemente defendido dentro de la línea de defensa, desafía todos los peligros que, según la perspectiva del defensor, debían sobrevenirle a consecuencia del cruce.—Pero lo peor que puede hacer un atacante es intentar un paso real en varios puntos, a menos que estos se encuentren muy cerca unos de otros y permitan que todas las tropas se unan al combate; pues, dado que el defensor debe tener necesariamente sus fuerzas separadas, si el atacante divide las suyas de la misma manera, desperdicia su ventaja natural. De ese modo perdió Bellegarde la batalla del Mincio en 1814, donde, por casualidad, ambos ejércitos cruzaron por distintos puntos al mismo tiempo, y los austriacos quedaron más divididos que los franceses.
  1. Si el defensor permanece en este lado del río, se sigue necesariamente que hay dos maneras de obtener una ventaja estratégica sobre él: o bien cruzar por algún punto, sin importar su posición, y ganarle así la partida con los mismos medios, o bien presentar
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