En la primera guerra de Silesia, Federico el Grande se encontraba cada vez en esta situación, en las fronteras de Bohemia y Moravia, y en los complejos asuntos relacionados con los generales y sus ejércitos, pueden imaginarse muchas causas de diversa índole, en particular políticas, que imposibiliten un mayor avance.
Como en el caso que ahora se supone, se pueden destinar más fuerzas a actuar contra el flanco del enemigo, las demás condiciones no necesitan ser tan favorables: incluso la naturaleza de nuestras comunicaciones en relación con las del enemigo no necesita darnos ventaja a ese respecto, ya que un enemigo que no se encuentra en condiciones de hacer un uso particular de nuestra ulterior retirada no es probable que ejerza su derecho a tomar represalias, sino que más bien se preocupará por la cobertura directa de su propia línea de retirada.
Tal situación es, por lo tanto, muy adecuada para proporcionarnos, por medios menos brillantes y completos pero menos peligrosos que una victoria, aquellos resultados que sería correr demasiados riesgos buscar mediante una batalla.
Como en tal caso sentimos poca ansiedad por exponer nuestra propia línea de comunicaciones, tomando posición en uno u otro flanco, y como el enemigo por ese medio puede ser siempre obligado a formar frente oblicuamente a su línea de comunicaciones, por consiguiente esta sola de las condiciones arriba mencionadas rara vez dejará de cumplirse.
Cuanto más cooperen el resto de las condiciones, así como otras circunstancias, tanto más seguros estaremos del éxito gracias al medio aquí considerado; pero cuantas menos circunstancias favorables existan, más dependerá todo de una habilidad superior en la combinación, y de la presteza y precisión en la ejecución.
He aquí el terreno propicio para las maniobras estratégicas, de las que se hallan tantos ejemplos en la Guerra de los Siete Años, en Silesia y Sajonia,