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CAPÍTULO XIV. Subsistencia

El atacante, por otra parte, se aleja de sus recursos y, mientras avanza y aun durante las primeras semanas después de detenerse, debe procurarse día a día lo que necesita, y esto muy rara vez puede hacerse sin que se experimenten privaciones e incomodidades.

Esta dificultad se experimenta con toda su intensidad en dos momentos particulares: primero, en la marcha de aproximación, antes de que se produzca la decisión; entonces, los suministros del bando defensor están todos a mano, mientras que el atacante se ha visto obligado a dejar los suyos atrás; se ve en la necesidad de mantener sus masas concentradas y, por tanto, no puede desplegar su ejército en un espacio considerable; ni siquiera sus transportes pueden mantenerse cerca de él cuando inicia sus movimientos preliminares a una batalla.

Si sus preparativos no se han hecho muy bien, puede suceder fácilmente en este momento que su ejército carezca de suministros durante varios días antes de la batalla decisiva, lo que ciertamente no es un medio para llevarlo al combate en su máximo estado de eficacia.

La segunda vez que surge un estado de necesidad es al final de una carrera victoriosa, si las líneas de comunicación empiezan a ser demasiado largas, especialmente si la guerra se lleva a cabo en un país pobre y escasamente poblado, y tal vez también en medio de un pueblo cuyos sentimientos son hostiles.

¡Qué enorme diferencia entre una línea de comunicación de Vilna a Moscú, en la que cada carruaje debe ser incautado por la fuerza, y una línea desde Colonia, pasando por Lieja, Lovaina, Bruselas, Mons y Valenciennes, hasta París, donde un contrato mercantil o una letra de cambio bastarían para procurar millones de raciones.

Con frecuencia ha resultado de la dificultad de que ahora hablamos el oscurecimiento del esplendor de las victorias más brillantes, la reducción de las fuerzas del ejército victorioso, la necesidad de una retirada y, luego, gradualmente, la producción de todos los síntomas de una derrota real.

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