Si suponemos las líneas de comunicación del agresor, a b, situadas con respecto a las del enemigo, c d, de tal modo que las dos líneas formen entre sí un ángulo considerable, es evidente que si el defensor desea tomar posición en e, donde las dos líneas se cortan, el agresor desde b, por la mera relación geométrica, podría obligarle a formar frente hacia él y, por consiguiente, a dejar al descubierto sus comunicaciones.
El caso sería inverso si el defensor tomase su posición de este lado del punto de unión, cerca de d; entonces el asaltante debe hacer frente hacia él, en caso de que su línea de operaciones, que depende estrechamente de las condiciones geográficas, no pueda ser modificada arbitrariamente y trasladada, por ejemplo, a la dirección a d.
De esto parecería deducirse que el defensor tiene una ventaja en este sistema de acción recíproca, puesto que solo necesita tomar posición de este lado de la intersección de las dos líneas. Pero, muy lejos de conceder importancia alguna a este elemento geométrico, solo lo hemos traído a consideración para hacernos entender mejor; y más bien somos de la opinión de que las relaciones locales y generalmente individuales influyen mucho más en la determinación de la posición del defensor; que, por lo tanto, es del todo imposible establecer en general cuál de los dos beligerantes se verá obligado a exponer antes sus comunicaciones.
Si las líneas de comunicación de ambos bandos se encuentran en una y la misma dirección, entonces cualquiera de las dos partes que adopte una