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CAPÍTULO II. Carácter de una batalla moderna

Según la noción que nos hemos formado de la táctica y la estrategia, se desprende, como algo natural, que si la naturaleza de la primera cambia, ese cambio debe influir en la segunda.

Si los hechos tácticos en un caso son enteramente distintos de los de otro, los estratégicos deben serlo también, para que sigan siendo coherentes y razonables. Es, por tanto, importante caracterizar la acción general en su forma moderna antes de avanzar en el estudio de su empleo en la estrategia.

¿Qué es lo que hacemos por lo general hoy en día en una gran batalla? Nos colocamos tranquilamente en grandes masas dispuestas contiguas y detrás unas de otras. Desplegamos relativamente solo una pequeña porción del conjunto, y dejamos que se consuma en un combate de fuego que dura varias horas, interrumpido solo de vez en cuando, y desplazado aquí y allá por pequeños choques aislados de cargas a la bayoneta y ataques de caballería.

Cuando esta línea ha agotado gradualmente parte de su ardor guerrero de este modo y no quedan más que las cenizas, es retirada(*) y reemplazada por otra.

De este modo, la batalla bajo un principio modificado arde lentamente como pólvora mojada, y si el velo de la noche ordena que se detenga, porque ninguna de las partes puede ver ya y ninguna elige correr el riesgo de la ciega casualidad, entonces cada bando hace un balance respectivo de las masas restantes que aún pueden llamarse efectivas, es decir, que aún no se han derrumbado por completo como volcanes extintos; se toma

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