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CAPÍTULO I. ¿Qué es la guerra?

La violencia, es decir, la fuerza física (pues no hay fuerza moral sin la concepción de los Estados y del Derecho), es por tanto el medio; la sumisión obligatoria del enemigo a nuestra voluntad es el objetivo último. Para alcanzar plenamente este objetivo, el enemigo debe ser desarmado, y el desarme se convierte por consiguiente en el objetivo inmediato de las hostilidades en teoría. Ocupa el lugar del objetivo final y lo hace a un lado como algo que podemos eliminar de nuestros cálculos.

3. USO MÁXIMO DE LA FUERZA.

Ahora bien, los filántropos pueden imaginarse fácilmente que existe un método hábil para desarmar y vencer a un enemigo sin gran derramamiento de sangre, y que esta es la tendencia adecuada del Arte de la Guerra.

Por plausible que esto pueda parecer, no deja de ser un error que debe ser extirpado; pues en asuntos tan peligrosos como la Guerra, los errores que proceden de un espíritu de benevolencia son los peores.

Como el uso de la fuerza física en su grado máximo no excluye en absoluto la cooperación de la inteligencia, se deduce que aquel que usa la fuerza sin reservas, sin atender al derramamiento de sangre implicado, debe obtener la superioridad si su adversario emplea menor vigor en su aplicación.

El primero dicta entonces la ley al segundo, y ambos proceden a extremos cuyas únicas limitaciones son las impuestas por la magnitud de la fuerza contrapuesta en cada bando.

Este es el modo en que debe considerarse el asunto, y de nada sirve —incluso va en contra del propio interés— apartarse de la consideración de la verdadera naturaleza del asunto porque el horror de sus elementos excite repugnancia.

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