el espíritu de todos los demás, las masas, arrastrándole consigo, se hunden en la región inferior de la naturaleza animal, que rehúye el peligro y no conoce la
Estos son los pesos que el valor y las facultades intelectuales del Comandante militar tienen que superar si ha de hacer ilustre su nombre. Aumentan con las masas y, por tanto, si las fuerzas en cuestión han de seguir estando a la altura de la carga, deben elevarse en proporción a la altura del puesto.
La energía en acción expresa la fuerza del motivo a través del cual la acción es estimulada, ya sea que el motivo tenga su origen en una convicción del entendimiento o en un impulso. Pero este último difícilmente puede faltar cuando ha de manifestarse una gran fuerza.
De todos los nobles sentimientos que llenan el corazón humano en el apasionante tumulto de la batalla, ninguno, debemos admitir, es tan poderoso y constante como la sed de honor y renombre del alma, a la que la lengua alemana trata de manera tan injusta y tiende a menospreciar mediante las indignas asociaciones de las palabras Ehrgeiz (avaricia de honor) y Ruhmsucht (ávida querencia de gloria).
Sin duda es precisamente en la Guerra donde el abuso de estas orgullosas aspiraciones del alma debe acarrear a la raza humana los ultrajes más espantosos, pero por su origen deben contarse ciertamente entre los sentimientos más nobles que pertenecen a la naturaleza humana, y en la Guerra son el principio vivificante que dota de espíritu al enorme cuerpo.
Aunque otros sentimientos puedan tener una influencia más general, y muchos de ellos —como el amor a la patria, el fanatismo, la venganza, el entusiasmo de toda clase— parezcan ocupar un lugar más elevado, la sed de honor y renombre sigue siendo indispensable.