en el papel, las cosas nos decepcionan y nos quedamos cortos respecto al objetivo. Una poderosa voluntad de hierro supera esta fricción; aplasta los obstáculos, pero ciertamente junto con ellos la máquina. A menudo nos encontraremos con este resultado. Como un obelisco hacia el cual convergen las principales calles de una ciudad, la fuerte voluntad de un espíritu orgulloso se destaca prominente y dominante en el centro del Arte de la Guerra.
La fricción es la única noción que de manera general corresponde a aquello que distingue la guerra real de la guerra sobre el papel. La máquina militar, el ejército y todo lo que le pertenece es, de hecho, simple, y por esta razón parece fácil de manejar.
Pero reflexionemos sobre el hecho de que ninguna de sus partes es de una sola pieza, que se compone enteramente de individuos, cada uno de los cuales mantiene su propia fricción en todas direcciones.
Teóricamente todo suena muy bien: el comandante de un batallón es responsable de la ejecución de la orden dada; y como el batallón, gracias a su disciplina, está unido en una sola pieza, y el jefe debe ser un hombre de celo reconocido, el eje gira sobre un pasador de hierro con poca fricción.
Pero en realidad no es así, y todo lo que hay de exagerado y falso en semejante concepción se manifiesta de inmediato en la guerra.
- El batallón siempre sigue estando compuesto por un número de hombres, de los cuales, si el azar así lo quiere, el más insignificante es capaz de ocasionar retrasos e incluso irregularidades.
El peligro que la guerra conlleva, las fatigas corporales que exige, agudizan este mal de tal manera que pueden considerarse como sus mayores causas.