Las carreteras que conducen desde la posición de un ejército hasta aquellos puntos de su retaguardia donde se concentran principalmente sus depósitos de abastecimiento y sus medios de reclutamiento y reorganización de sus fuerzas, y que además elige en todos los casos ordinarios para su retirada, tienen un doble significado: en primer lugar, son sus líneas de comunicación para el constante sustento de la fuerza combatiente, y en segundo lugar, son caminos de retirada.
Hemos dicho en el capítulo precedente que, aunque según el actual sistema de subsistencias un ejército se alimenta principalmente del distrito en el que está operando, debe considerarse todavía como formando un todo con su base.
Las líneas de comunicación pertenecen a este todo; forman la conexión entre el ejército y su base, y deben considerarse como otras tantas grandes arterias vitales. Suministros de todo género, convoyes de municiones, destacamentos que se desplazan hacia atrás y hacia adelante, puestos, ordenanzas, hospitales, depósitos, reservas de víveres, agentes de administración, todos estos objetos hacen uso constante de estos caminos, y el valor total de estos servicios es de la mayor importancia para el ejército.
Por consiguiente, estos grandes canales de vida no deben ser cortados permanentemente, ni deben ser de excesiva longitud, ni estar plagados de dificultades, porque en un camino largo siempre se produce una pérdida de fuerza, lo cual tiende a debilitar las condiciones de un ejército.
Por su segundo propósito, es decir, como líneas de retirada, constituyen en un sentido real la retaguardia estratégica del ejército.