- Que el asedio es una empresa sin catástrofe.
El resultado de estas cosas es que la toma de una o más de las fortalezas del enemigo es muy frecuentemente el objeto de aquellos ataques estratégicos que no pueden aspirar a un objetivo mayor.
Los motivos que deciden la elección de la fortaleza que debe ser atacada, en caso de que esto sea dudoso, son por lo general:
(a) Que es una que puede conservarse fácilmente, por lo que ocupa un lugar destacado en valor como equivalente en caso de negociaciones de paz.
(b) Que los medios para tomarla están a la mano. Los medios pequeños solo son suficientes para tomar plazas pequeñas; pero es mejor tomar una pequeña que fracasar ante una grande.
(c) Su fuerza en el aspecto de la ingeniería, que evidentemente no siempre guarda proporción con su importancia en otros aspectos. Nada es más absurdo que desperdiciar fuerzas ante una plaza muy fuerte de poca importancia, si el objeto de ataque puede hacerse de una plaza de menor fuerza.
(d) La fuerza del armamento y de la guarnición también. Si una fortaleza está débilmente armada e insuficientemente guarnecida, su captura será naturalmente más fácil; pero aquí debemos observar que la fuerza de la guarnición y del armamento deben contarse entre aquellas cosas que componen la importancia total del lugar, porque la guarnición y los armamentos son directamente partes de la fuerza militar del enemigo, lo cual no puede decirse en la misma medida de las obras de fortificación. La conquista de una fortaleza con una guarnición fuerte puede, por lo tanto, compensar mucho más fácilmente el sacrificio que cuesta que una con obras muy fuertes.