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CAPÍTULO XVII. Defensa de las montañas ( continuación )

infantería; pero en estas masas montañosas las distancias son demasiado grandes para cualquier fuego eficaz de armas ligeras, y por lo tanto una posición en los valles es menos peligrosa de lo que parece. Al mismo tiempo, la defensa de los valles está expuesta a otro gran peligro: el de ser cortada. Es verdad que el enemigo solo puede descender al valle con infantería, en ciertos puntos, lentamente y con gran esfuerzo; por tanto, no puede tomarnos por sorpresa; pero ninguna de las posiciones que tenemos en el valle defiende las salidas de dichos senderos hacia el valle. El enemigo puede, por consiguiente, hacer bajar grandes masas gradualmente, luego desplegarse y romper la línea delgada y desde ese momento débil, que quizá no tenga más protección que el lecho rocoso de un arroyo de montaña poco profundo. Mas ahora la retirada, que en un valle debe realizarse siempre de manera fraccionada hasta alcanzar la salida de las montañas, resulta imposible para muchas partes de la línea de tropas; y esa fue la razón por la cual los austriacos en Suiza perdieron casi siempre un tercio o la mitad de sus tropas hechas prisioneras.—

Ahora unas palabras sobre la forma habitual de dividir las tropas en un método de defensa semejante.

Cada una de las posiciones subordinadas se halla en relación con una posición adoptada por el cuerpo principal de tropas, más o menos en el centro de toda la línea, sobre la principal vía de aproximación.

Desde esta posición central, otros cuerpos son destacados a derecha e izquierda para ocupar los puntos de aproximación más importantes, y así el conjunto queda dispuesto en una línea, por decirlo así, de tres, cuatro, cinco, seis puestos, etc.

Hasta qué punto deba llevarse este fraccionamiento y extensión de la línea, ha de depender de las exigencias de cada caso particular. Una extensión de un par de jornadas, es decir, de seis a ocho millas, es de una longitud moderada, y la hemos visto llevarse hasta veinte o treinta millas.

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