Por otra parte, la resistencia que se opuso en esta primera línea en 1787 equivalió a nada, e incluso la que se hizo en una segunda línea mucho más corta, entre el Zuiderzee y el lago de Haarlem, aunque algo más eficaz, fue vencida por el duque de Brunswick en un día, mediante una disposición táctica muy hábil bien adaptada a la localidad, y ello a pesar de que la fuerza prusiana verdaderamente empeñada en el ataque era poco o nada superior en número a las tropas que guardaban las líneas.
El diferente resultado en ambos casos debe atribuirse a la diferencia en el mando supremo.
En el año 1672, los holandeses fueron sorprendidos por Luis XIV mientras todo se hallaba en pie de paz, en el cual, como es bien sabido, reinaba un espíritu militar muy escaso en lo que respecta a las fuerzas terrestres.
Por esta razón, la mayor parte de las fortalezas carecían de toda clase de material y equipo, estaban guarnecidas únicamente por débiles destacamentos de tropas mercenarias y eran defendidas por gobernadores que eran o bien incapaces nativos, o bien extranjeros traidores.
Así, todas las fortalezas de Brandeburgo en el Rin, guarnecidas por holandeses, así como todas sus propias plazas situadas al este de la línea de defensa antes descrita, a excepción de Groninga, cayeron muy pronto en manos de los franceses y, en su mayor parte, sin ninguna defensa real.
Y en la conquista de este gran número de plazas consistieron los principales esfuerzos del ejército francés, de 150.000 hombres, por aquel entonces.
Pero cuando, tras el asesinato de los hermanos De Witt, en agosto de 1672, el príncipe de Orange se puso al frente de los asuntos, aportando unidad a las medidas para la defensa nacional, aún hubo tiempo de cerrar la línea defensiva antes mencionada, y todas las medidas adoptadas