CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Page 1056 of 1119
Table of Contents

CAPÍTULO VIII. Objeto limitado: la defensa

recursos. No tenemos, por tanto, aquí ninguna base sobre la cual cimentar la expectativa de que la ofensiva cesará, y no queda más que la idea de que si el asaltante repite sus golpes, mientras el defensor no hace otra cosa que esperar para pararlos, entonces el defensor no tiene ningún contrapeso que compense el riesgo que corre de que uno de estos ataques tenga éxito tarde o

Aunque en la realidad el agotamiento, o más bien el debilitamiento del más fuerte, ha traído consigo en muchos casos una paz que debe atribuirse a la indecisión tan general en la guerra, pero que no puede concebirse filosóficamente como el objeto general y último de ninguna guerra defensiva, no queda, por tanto, más alternativa que la de que la defensa encuentre su objeto en la idea de la «espera», que es además su carácter real.

Esta idea incluye en sí misma la de una alteración de las circunstancias, de una mejora de la situación que, por consiguiente, cuando no puede lograrse por medios internos, es decir, por la defensa pura en sí misma, solo puede esperarse mediante una ayuda venida de fuera.

Ahora bien, esta mejora procedente del exterior no puede provenir de otra cosa que de un cambio en las relaciones políticas; o bien surgen nuevas alianzas a favor del defensor, o bien se desmoronan las antiguas dirigidas contra él.

He aquí, pues, el objetivo para el defensor, en caso de que su debilidad no le permita pensar en ningún contragolpe importante. Pero esta no es la naturaleza de toda guerra defensiva, según la concepción que hemos dado de su forma.

Según esa concepción, es la forma más fuerte de guerra y, debido a esa fuerza, también puede aplicarse cuando se proyecta un contragolpe más o menos importante.

1056