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CAPÍTULO IV. Termina en que la guerra se define con mayor precisión Derrocamiento del enemigo

pues todo el incremento real de la fuerza combatiente en el segundo año es insignificante en relación con el

  1. El enemigo descansa al mismo tiempo que nosotros.
  1. La fortificación de ciudades y posiciones no es tarea del ejército y, por lo tanto, no constituye motivo para ningún retraso.
  1. Según el sistema actual de ejércitos permanentes, los almacenes son más necesarios cuando el ejército se encuentra en acantonamiento que cuando está avanzando. Mientras avancemos con éxito, iremos tomando posesión continuamente de algunos de los depósitos de provisiones del enemigo, los cuales nos auxilian cuando el país mismo es pobre.
  1. La toma de las fortalezas del enemigo no puede considerarse como una suspensión del ataque: es un progreso intensificado y, por tanto, la supuesta suspensión que de ello resulta no es propiamente un caso como a los que aludimos; no es ni una suspensión ni una modificación en el uso de la fuerza.

Pero si es más conveniente un asedio regular, un bloqueo o la mera observación de lo uno o de lo otro, es una cuestión que sólo puede decidirse según las circunstancias particulares. Tan sólo podemos decir con carácter general que, al responder a esta pregunta, debe resolverse claramente otra: a saber, si el riesgo no será demasiado grande si, mientras nos limitamos a bloquear, avanzamos al mismo tiempo un poco más.

Donde esto no sea así, y cuando haya espacio suficiente para desplegar nuestras fuerzas, es mejor posponer el asedio formal hasta la conclusión de todo el movimiento ofensivo. Por consiguiente, debemos cuidarnos de no caer en el error de descuidar lo esencial con la idea de asegurar inmediatamente lo conquistado.

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