cierta extensión de frente, entonces no hay nada absurdo en una extensión correspondiente por nuestra parte. Hablamos aquí de un teatro de guerra, o de varios, si están muy cerca el uno del otro. Evidentemente este es, por tanto, el caso cuando, según nuestro criterio, la operación principal debe ser, al mismo tiempo, decisiva en puntos subordinados.
Pero ahora bien, ¿podemos siempre correr el riesgo de esto? ¿Y podemos exponernos al peligro que debe surgir si la influencia de la operación principal no es suficiente para decidir en los puntos secundarios? ¿Acaso la falta de cierta amplitud para un teatro de guerra no merece una consideración especial?
Aquí, al igual que en todas partes, es imposible agotar el número de combinaciones que pueden tener lugar; pero sostenemos que, salvo pocas excepciones, la decisión sobre el punto capital llevará consigo la decisión sobre todos los puntos menores. Por lo tanto, la acción debe regularse de conformidad con este principio, en todos aquellos casos en que lo contrario no sea evidente.