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CAPÍTULO III. El genio para la guerra

éxito entre elementos tan opuestos; una fuerza que, según las distintas modificaciones derivadas de las circunstancias, los escritores e historiadores militares denominan energía, firmeza, solidez, fuerza de espíritu y carácter. Todas estas manifestaciones de la naturaleza heroica podrían considerarse como una sola y misma potencia de la voluntad, modificada según las circunstancias; pero, por muy emparentadas que estén entre sí estas cualidades, no son una sola y misma cosa, y nos conviene distinguir aquí con un poco más de atención, al menos, la acción de las potencias del alma en relación con ellas.

En primer lugar, para tener una concepción clara, es fundamental observar que el peso, la carga, la resistencia, o como quiera llamarse, mediante el cual se pone de manifiesto esa fuerza del alma del General, es solo en muy pequeña medida la actividad del enemigo, la resistencia del enemigo, la acción del enemigo de forma directa.

La actividad del enemigo solo afecta al General de forma directa, en primer lugar, en relación con su persona, sin perturbar su acción como Comandante. Si el enemigo, en vez de dos horas, resiste cuatro, el Comandante, en vez de dos horas, está cuatro horas en peligro; esta es una magnitud que claramente disminuye cuanto más elevado es el rango del Comandante. ¿Qué representa esto para alguien en el puesto de Comandante en Jefe? No es nada.

En segundo lugar, aunque la oposición ofrecida por el enemigo tiene un efecto directo sobre el Comandante a través de la pérdida de medios derivada de una resistencia prolongada, y de la responsabilidad vinculada a dicha pérdida, y su fuerza de voluntad es primeramente probada y requerida por estas aprehensivas consideraciones, aun así sostenemos que esta no es ni con mucho la carga más pesada que ha de soportar, puesto que solo tiene que habérselas consigo mismo.

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