más fuerte con cada golpe; pero si el Estado conquistado es pequeño, los protectores se presentan mucho antes cuando su propia existencia se ve amenazada, y otros, que han contribuido a situarlo en su actual apuro, se volvíarán atrás para evitar su ruina
- La mayor resistencia por parte del enemigo que ello provoca.
A veces, el enemigo deja caer el arma de las manos por terror y estupefacción; a veces, un paroxismo entusiasta se apodera de él, todos corren a las armas y la resistencia es mucho mayor después de la primera derrota que antes. El carácter del pueblo y del gobierno, la naturaleza del país y sus alianzas políticas son aquí los datos a partir de los cuales debe conjeturarse el efecto probable.
¿Qué incontables diferencias producen estos dos últimos puntos por sí solos en los planes que pueden y deben hacerse en la guerra en uno u otro caso?
Mientras uno, por exceso de cautela y por lo que se llama procedimiento metódico, malgasta su buena fortuna, otro, por falta de reflexión racional, se precipita hacia su propia destrucción.
Además, debemos recordar aquí la negligencia que no pocas veces se apodera del bando victorioso una vez que el peligro ha desaparecido; mientras que, por el contrario, se requieren entonces nuevos esfuerzos para sacar partido del éxito.
Si echamos una ojeada general a estos principios diversos y antagónicos, la deducción es, sin duda, que el uso provechoso de la marcha hacia adelante en una guerra de agresión, en la generalidad de los casos, disminuye la preponderancia con la que el atacante inició la campaña, o la que ha obtenido mediante la victoria.