a. Meramente para ganar tiempo. Este motivo aparece cien veces: siempre en el caso de una línea defensiva formada con vistas a la observación; además de eso, en todos los casos en que se espera un refuerzo.
b. El rechazo de una mera demostración o empresa menor del enemigo.
Si una provincia está guardada por montañas que son defendidas por tropas, entonces esta defensa, por débil que sea, siempre bastará para impedir los ataques de partisanos y las expediciones destinadas a saquear el país. Sin las montañas, una cadena de puestos tan débil sería inútil.
c. Hacer por nuestra parte demostración alguna. Pasará aún algún tiempo antes de que la opinión general respecto a las montañas llegue al punto adecuado; hasta entonces podrá encontrarse en cualquier momento con un enemigo que les tenga miedo y retroceda ante ellas en sus empresas. En tal caso, por tanto, el cuerpo principal también puede utilizarse para la defensa de un sistema montañoso. En las guerras libradas con poca energía o movimiento, esta situación se dará a menudo; pero entonces debe ser siempre una condición que ni proyectemos aceptar una acción general en esta posición de montaña, ni se nos pueda obligar a ello.
d. En general, un país montañoso es adecuado para todas aquellas posiciones en las que no pretendemos aceptar ninguna gran batalla, pues cada una de las partes separadas del ejército es más fuerte allí, y solo el conjunto es más débil; además, en una posición así, no es tan fácil ser atacado repentinamente y forzado a una batalla decisiva.
e. Por último, un país montañoso es la región propicia por excelencia para los esfuerzos de un pueblo en armas. Pero si bien los levantamientos nacionales deben ser siempre apoyados por pequeños contingentes de tropas regulares, por otra parte, la proximidad de un gran ejército parece ejercer un efecto desfavorable sobre movimientos de esta índole; este motivo, por tanto, por regla general, nunca dará ocasión para trasladar todo el ejército a las montañas.