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CAPÍTULO XI. Marchas ( Continuación )

El ejército prusiano siguió indudablemente un sistema equivocado en su retirada de 1806 al buscar acuartelamiento para las tropas todas las noches por motivos de subsistencia. Podrían haber conseguido subsistencia en los bivacs, y el ejército no se habría visto obligado a pasar catorce días en recorrer cincuenta millas de terreno, lo cual, a fin de cuentas, solo lograron mediante esfuerzos extremos.

Si hay que marchar por un mal camino o un país accidentado, todos estos cálculos de tiempo y distancia sufren modificaciones tales que resulta difícil calcular con certeza, en cualquier caso particular, el tiempo requerido para una marcha; con mucha menos razón, por tanto, se puede establecer una teoría general.

Todo lo que la teoría puede hacer es dirigir la atención hacia la posibilidad de error con la que aquí nos topamos. Para evitarlo es necesario el cálculo más cuidadoso, y un amplio margen para los retrasos imprevistos. La influencia del tiempo atmosférico y el estado de las tropas también entran en consideración.

Desde la abolición de las tiendas de campaña y la introducción del sistema de subsistencia de las tropas mediante requisiciones forzosas de víveres sobre el terreno, el equipaje de un ejército se ha reducido sensiblemente y, como consecuencia natural y muy importante, esperamos en primer lugar una aceleración en los movimientos de un ejército y, por tanto, por supuesto, un aumento en la duración de la marcha diaria.

Esto, sin embargo, solo se realiza bajo ciertas circunstancias.

Las marchas dentro del teatro de la guerra apenas se han visto aceleradas por este medio, pues es bien sabido que, desde hace muchos años, siempre que el objetivo ha requerido marchas de una longitud inusual, ha sido práctica habitual dejar el equipaje atrás o enviarlo por delante y, por lo general, mantenerlo separado de las tropas durante la realización

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