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CAPÍTULO XVI. Líneas de comunicación

dificultades, ni es tampoco la obra de un momento. De aquí se deduce que un cambio en el sistema de comunicación es mucho menos fácil de realizar en un país enemigo que en el nuestro, donde al menos es posible; y de aquí se deduce también que el ejército está más restringido en sus movimientos y debe ser mucho más sensible ante cualquier manifestación contra sus comunicaciones.

Pero la elección y organización de las líneas de comunicación está ya, desde el principio, sujeta también a una serie de condiciones que la restringen.

No sólo deben ser, en un sentido general, buenos caminos reales, sino que serán tanto más útiles cuanto más anchas sean, cuanto más pobladas y ricas sean las ciudades por las que pasen, y cuantos más lugares fuertes haya que les ofrezcan protección.

Los ríos también, como medios de comunicación fluvial, y los puentes, como puntos de paso, tienen un peso decisivo en la elección. De esto se deduce que la situación de una línea de comunicación, y en consecuencia el camino por el que un ejército avanza para iniciar la ofensiva, sólo es objeto de libre elección hasta cierto punto, ya que su ubicación depende de determinadas relaciones geográficas.

Todas las circunstancias precedentes tomadas en conjunto determinan la fuerza o la debilidad de las comunicaciones de un ejército con su base, y este resultado, comparado con uno obtenido de igual manera respecto a las comunicaciones del enemigo, decide cuál de los dos oponentes se encuentra en posición de operar contra las líneas de comunicación del otro, o de cortarle la retirada, es decir, en lenguaje técnico, envolverlo.

Dejando a un lado toda consideración de superioridad moral o física, solo aquella parte podrá lograr esto con eficacia cuyas comunicaciones sean las más fuertes de las dos, pues de otro modo el enemigo se pone a salvo del modo más breve, mediante un contragolpe.

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