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CAPÍTULO IX. La sorpresa

lea detenidamente este acontecimiento en las principales historias(*) y lo considere imparcialmente, no hallará jamás tal importancia en la marcha del 22 de julio; y en general, en toda la lógica de moda sobre este asunto, no verá más que contradicciones; mas en las actuaciones de Laudon, en este renombrado periodo de maniobras, mucho de inexplicable. ¿Cómo podría uno, con sed de verdad y clara convicción, aceptar semejante evidencia histórica?

Cuando nos prometemos grandes efectos en una campaña basándonos en el principio de la sorpresa, pensamos en una gran actividad, resoluciones rápidas y marchas forzadas como los medios para producirlos; pero que estas cosas, incluso cuando se dan en un grado muy elevado, no siempre producen el efecto deseado, lo vemos en los ejemplos dados por generales a los que se les puede conceder haber tenido el mayor talento en el uso de tales medios: Federico el Grande y Bonaparte.

El primero, cuando salió de Dresde tan repentinamente en julio de 1760 y, cayendo sobre Lascy, se volvió luego contra Dresde, no ganó nada con todo aquel intermezzo, sino que más bien dejó sus asuntos en una condición notablemente peor, ya que entretanto cayó la fortaleza de Glatz.

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