con ellas; pero debemos considerar, ante todo, la disposición general de las fuerzas, porque esta es una medida superior y más amplia, determinante en lo que respecta a los campamentos, acantonamientos y marchas.
Si consideramos la disposición de las fuerzas de un modo general, es decir, prescindiendo de cualquier objetivo especial, solo podemos concebirla como una unidad, es decir, como un todo destinado a combatir en conjunto, pues cualquier desviación de esta forma más simple implicaría un objetivo especial. De este modo surge, por tanto, la concepción de un ejército, ya sea pequeño o grande.
Además, cuando hay una ausencia de cualquier fin especial, solo queda como único objeto la preservación del propio ejército, lo que por supuesto incluye su seguridad.
Que el ejército pueda existir sin inconvenientes, y que pueda concentrarse sin dificultad con el propósito de combatir, son, por tanto, las dos condiciones requeridas.
De estas se desprenden, como deseables, los siguientes puntos aplicables de manera más inmediata a los asuntos concernientes a la existencia y seguridad del ejército.
- Facilidad de subsistencia.
- Facilidad para proporcionar alojamiento a las tropas.
- Seguridad de la retaguardia.
- Un país abierto enfrente.
- La posición misma en un país destrozado.
- Puntos estratégicos d’appui.