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CAPÍTULO XVI. Defensa de las montañas ( Continuación )

Pero como la concepción de las montañas y sus salidas es muy indefinida, la cuestión de adoptar este plan depende enteramente de la naturaleza del propio país, y solo puede señalarse como posible, al tiempo que debe considerarse también como acompañada de dos desventajas: * la primera es que, si el enemigo recibe un golpe severo, pronto encuentra refugio en las montañas; * la segunda es que está en posesión del terreno más alto, el cual, aunque no sea decisivo, siempre debe considerarse una desventaja para

No conocemos ninguna batalla dada bajo tales circunstancias, a menos que la batalla contra Alvinzi en 1796 pueda clasificarse como tal. Pero que el caso puede darse es evidente por el paso de los Alpes por parte de Buonaparte en el año 1800, cuando Melas podría y debió haberle caído encima con toda su fuerza antes de que hubiera unido sus columnas.

La segunda influencia que las montañas pueden tener como barrera es la que ejercen sobre las líneas de comunicación si estas líneas las atraviesan.

Sin tomar en cuenta lo que pueda hacerse mediante la erección de fortificaciones en los puntos de paso y el armamento del pueblo, los malos caminos en las montañas, en ciertas estaciones del año, pueden por sí solos resultar inmediatamente destructivos para un ejército; con frecuencia han obligado a la retirada después de haberle chupado primero toda la médula y la sangre al ejército.

Si, además, partidas de guerrilleros activos merodean alrededor, o se produce un levantamiento nacional para acrecentar las dificultades, el ejército enemigo se ve entonces obligado a hacer grandes destacamentos y, por último, a formar puestos fuertes en las montañas, enredándose así en una de las situaciones más desfavorables que puedan darse en una guerra ofensiva.

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