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CAPÍTULO I. ¿Qué es la guerra?

Si queremos que nuestro oponente cumpla con nuestra voluntad, debemos colocarlo en una situación que le resulte más opresiva que el sacrificio que le exigimos; pero las desventajas de esta posición no deben ser, por naturaleza, de carácter transitorio, al menos en apariencia, pues de lo contrario el enemigo, en lugar de ceder, resistirá con la perspectiva de un cambio favorable.

Todo cambio en esta posición producido por la continuación de la Guerra debe ser, por tanto, un cambio a peor. La peor condición en la que se puede colocar a un beligerante es la de estar completamente desarmado. Si, por consiguiente, se ha de reducir al enemigo a la sumisión mediante un acto de Guerra, hay que desarmarlo positivamente o colocarlo en una situación en la que se vea amenazado con ello.

De esto se deduce que el desarme o derrocamiento del enemigo, comoquiera que lo llamemos, debe ser siempre el objetivo de la Guerra. Ahora bien, la Guerra es siempre el choque de dos cuerpos hostiles en colisión, no la acción de una potencia viva sobre una masa inanimada, ya que un estado absoluto de resistencia pasiva no equivaldría a hacer la Guerra; por lo tanto, lo que acabamos de decir sobre el objetivo de la acción en la Guerra se aplica a ambas partes.

He aquí, pues, otro caso de acción recíproca. Mientras el enemigo no esté derrotado, puede derrotarme; entonces dejaré de ser dueño de mí mismo; él me dictará la ley como yo se la dicté a él. Esta es la segunda acción recíproca y conduce a un segundo extremo (segunda acción recíproca).

5. MÁXIMO ESFUERZO DE LAS FACULTADES.

Si deseamos derrotar al enemigo, debemos proporicionar nuestros esfuerzos a sus poderes de resistencia. Esto se expresa mediante el producto de dos factores que no pueden separarse, a saber: la suma de los medios disponibles y la fuerza de la Voluntad. La

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