No hay idea teórica en el arte de la guerra que haya desempeñado un papel tan importante en la crítica como en la que ahora vamos a entrar. Es el «gran corcel de batalla» en todas las crónicas de combates y campañas; el punto de vista más frecuente en todas las discusiones y uno de esos fragmentos de formalismo científico con los que los críticos hacen gala de erudición. Y, sin embargo, el concepto que encierra jamás se ha establecido, ni se ha explicado con claridad.
Intentaremos determinar su verdadero significado y, a continuación, ver hasta qué punto puede hacerse aplicable para un uso práctico.
Tratamos de ello aquí porque la defensa de las montañas, las defensas fluviales, así como las concepciones de los campamentos fuertes y atrincherados con los que se relaciona estrechamente, exigían tener prioridad.
La concepción confusa e indefinida que se oculta detrás de esta antigua metáfora militar ha significado a veces la parte más vulnerable de un país y otras veces la más fuerte.
Si hay algún punto cuya posesión es indispensable para atreverse a penetrar en el país enemigo, ese punto puede llamarse con propiedad la llave de dicho país. Pero esta noción sencilla, aunque sin duda al mismo tiempo también estéril, no ha satisfecho a los teóricos, quienes la han ampliado y, bajo el término de llave de un país, han imaginado puntos que deciden sobre la posesión de todo el país.
Cuando los rusos querían avanzar hacia la península de Crimea, se veían obligados a hacerse amos del istmo de Perekop y de sus líneas, no tanto