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CAPÍTULO XIV. Combate nocturno

facilidad que un extraño. Sabe mejor dónde encontrar cada parte de su fuerza y, por lo tanto, puede llegar a ella más fácilmente que su adversario.

De esto se deduce que el asaltante en un combate nocturno echa de menos sus ojos exactamente igual que el defensor, y que, por consiguiente, solo razones particulares pueden hacer aconsejable un ataque nocturno.

Ahora bien, estas razones surgen principalmente en relación con las partes subordinadas de un ejército, rara vez con el ejército mismo; de ello se deduce que un ataque nocturno también, por regla general, solo puede tener lugar con combates secundarios, y raras veces con grandes batallas.

Podemos atacar una porción del ejército enemigo con una fuerza muy superior, envolviéndola en consecuencia con la mira de capturarla por entero, o bien de infligirle una pérdida muy grave mediante un combate desigual, siempre y cuando las demás circunstancias nos sean favorables. Pero un

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