Si un ejército se pone en marcha en cualquier expedición, ya sea para atacar al enemigo y su teatro de operaciones, o para tomar posición en su propia frontera, continúa en un estado de necesaria dependencia de las fuentes de donde extrae su subsistencia y sus refuerzos, y debe mantener su comunicación con ellas, ya que son las condiciones de su existencia y preservación.
Esta dependencia aumenta en intensidad y extensión en proporción al tamaño del ejército.
Pero ahora bien, no siempre es posible ni necesario que el ejército permanezca en comunicación directa con la totalidad de su propio país; basta con que lo haga con aquella porción situada inmediatamente en su retaguardia y que, por consiguiente, está cubierto por su posición. En esta porción del país, pues, en la medida necesaria, se establecen depósitos especiales de provisiones y se toman disposiciones para enviar regularmente refuerzos y suministros.
Esta franja de territorio es, por tanto, la base del ejército y de todas sus empresas, y ambos deben considerarse como formando, en su conexión, un solo todo.
- Si los suministros, para mayor seguridad, se almacenan en plazas fortificadas, la idea de una base se vuelve más clara; pero la idea no se origina en ninguna disposición de esa clase y, en buen número de casos, no existe tal disposición.
Pero una parte del territorio enemigo puede convertirse también en una base para nuestro ejército, o, al menos, formar parte de ella; pues cuando