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CAPÍTULO XVI. Líneas de comunicación

Ahora bien, este rodeo puede tener también dos propósitos, debido a la doble significación de estas líneas. O bien se pueden entorpecer e interrumpir las comunicaciones para que el enemigo se debilite gradualmente por la escasez y se vea así obligado a retirarse, o bien el objetivo puede ser cortar directamente la retirada.

Con respecto a lo primero, debemos observar que una mera interrupción momentánea rara vez tendrá efecto alguno mientras los ejércitos se mantengan como lo hacen ahora; se requiere cierto tiempo para producir un efecto de este modo, a fin de que las pérdidas del enemigo por frecuentes repeticiones compensen en número la pequeña cantidad que sufre en cada caso.

Una sola empresa contra el flanco del enemigo, que podría haber sido un golpe decisivo en aquellos días en que miles de carros de pan atravesaban las líneas de comunicación aplicando el método sistematizado vigente entonces para mantener a las tropas, apenas produciría efecto hoy en día, por muy exitosa que fuera; a lo sumo se incautaría un convoy, lo que causaría al enemigo algún daño parcial, pero nunca le obligaría a retirarse.

La consecuencia es que las empresas de este tipo en un flanco, que siempre han estado más de moda en los libros que en la guerra real, parecen ahora menos de índole práctica que nunca, y podemos afirmar con seguridad que no hay peligro a este respecto para ninguna línea de comunicación, salvo aquellas que sean muy largas y se hallen en circunstancias desfavorables por otros motivos, muy especialmente por estar expuestas en todas partes y a cualquier momento a los ataques de una población insurgente.

Con respecto a cortar la retirada del enemigo, tampoco debemos confiar en exceso en este sentido en las consecuencias de amenazar o cerrar las líneas de retirada del enemigo, ya que la experiencia reciente ha demostrado que, cuando las tropas son buenas y su líder decidido, es *más

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