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CAPÍTULO XII. Medios estratégicos para utilizar la victoria

Hay en ello una constante admisión de verse obligado a obedecer la ley del enemigo, y de ser incapaz de cualquier resistencia, y la conciencia de esto no puede sino debilitar en alto grado la moral de un

El efecto de presionar de este modo al enemigo alcanza su máximo cuando lo empuja a realizar marchas nocturnas. Si el vencedor ahuyenta al oponente derrotado a la puesta del sol de un campamento que acaba de ser levantado, ya sea para el grueso del ejército o para la retaguardia, el vencido debe realizar una marcha nocturna o alterar su posición en la noche retirándose más lejos, lo cual viene a ser casi lo mismo; la parte victoriosa, por otra parte, puede pasar la noche en tranquilidad.

La disposición de las marchas y la elección de posiciones dependen en este caso también de tantas otras cosas, especialmente de los abastos del Ejército, de los fuertes obstáculos naturales del terreno, de las grandes ciudades, etc., etc., que sería una pedantería ridícula intentar demostrar mediante un análisis geométrico cómo el perseguidor, al poder imponer sus leyes al enemigo en retirada, puede obligarle a marchar de noche mientras él descansa.

Pero, a pesar de todo, es cierto y factible que las marchas en persecución se planifiquen de modo que tengan esta tendencia, y que la eficacia de la persecución se vea con ello muy incrementada.

Si esto se atiende raras veces en la ejecución, es porque tal procedimiento resulta más difícil para el ejército perseguidor que una adhesión regular a las marchas ordinarias durante el día. Ponerse en marcha a buena hora por la mañana, acampar al mediodía, ocupar el resto del día en proveer a las necesidades ordinarias del ejército y utilizar la noche para el reposo, es un método mucho más cómodo que regular los movimientos exactamente según los del enemigo; por tanto, no decidir nada hasta el último momento, iniciar la marcha unas veces

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