difícil* hacerlas prisioneras de lo que es para ellas abrirse paso a través de la fuerza que se les opone.
Los medios para acortar y proteger las largas líneas de comunicación son muy limitados.
La toma de algunas fortalezas adyacentes a la posición adoptada por el ejército y situadas en los caminos que conducen a la retaguardia —o, en el caso de que no haya fortalezas en el país, la construcción de defensas temporales en puntos adecuados—, el trato benevolente a la población del país, una estricta disciplina en las rutas militares, una buena policía y medidas activas para mejorar los caminos son los únicos medios por los cuales se puede disminuir el mal, pero este es uno que jamás puede eliminarse por completo.
Además, lo que dijimos al tratar la cuestión de la subsistencia con respecto a las carreteras que el ejército debe elegir preferentemente, se aplica también de manera particular a las líneas de comunicación. Las mejores líneas de comunicación son los caminos que atraviesan las ciudades más prósperas y las provincias más importantes; deben preferirse, aun cuando sean considerablemente más largos, y en la mayoría de los casos ejercen una influencia importante en la disposición definitiva del ejército.